Cd. Juarez, Chih.- El enfrentamiento entre México y Estados Unidos le otorga una dimensión especial a cada parrido. Los dos Grandes equipos de la Concacaf compiten pegados el uno al otro, condenados a ser enemigos deportivos y a medirse a través de una pelota. Cuando chocan, el ambiente en las conferencias de prensa se vuelve denso. Durante décadas, los aficionados han hecho de las victorias una revancha semanal: la posibilidad de ajustar cuentas pendientes y subsanar diversas injusticias en 90 minutos.
“No hace falta recordar a los jugadores al rival que enfrentamos, ellos saben lo que representa”, afirma el seleccionador nacional, Rafael Márquez, quien afronta su primer clásico internacional en esta Fecha FIFA.
Para millones de personas de origen mexicano residentes al norte del Río Bravo, el encuentro representa un vínculo identitario imprescindible con sus raíces. De acuerdo con cifras extraoficiales, más de 50 mil localidades —de un aforo de 63 mil 400 espectadores— han sido vendidas para la cita de este sábado en el Estadio State Farm de Glendale, Arizona, donde el conjunto de las barras y las estrellas fungirá como local administrativo.
Aunque el futbol refleja las tensiones de dos vecinos que se rechazan con la misma intensidad, Márquez no tiene victorias en el cargo luego de los empates consecutivos frente a Colombia (1-1) y Perú (1-1).
“¿Ansias? Ninguna. Esto es un proceso. El trabajo que estamos haciendo me tiene contento, más no satisfecho. Hay un margen importante de mejora”, afirma el astro del Barcelona. “Esta Fecha FIFA ha servido para tener más tiempo de trabajo con los jugadores. La victoria no se ha dado, pero estoy tranquilo. Ellos saben muy bien a quién nos enfrentamos. La responsabilidad que tenemos no cambia nada de la mentalidad que queremos inculcar en el equipo: sea quien sea, vamos a buscar ser competitivos. Ojalá que los resultados también se vayan dando”.
